La sociedad hiperconectada

La sociedad hiperconectada

“La especie que sobrevive no es la más fuerte ni la más inteligente, sino la más adaptable al cambio”
Charles Darwin

¿Cuáles son las implicaciones de que una parte rápidamente creciente de nuestra sociedad, de que un porcentaje cada vez mayor de nuestros ciudadanos, estén interconectados entre sí y con la información de una manera que ven como algo completamente natural? Muchas de estas implicaciones están simplemente empezando a insinuarse, pero nos permiten inferir que van a afectar poderosamente a muchísimas áreas, desde cómo vivimos, a como consumimos, nos comunicamos o hacemos política.

Cuando a finales del año 2008, un político norteamericano, Barack H. Obama, resultó elegido como 44º Presidente de su país, muchos empezaron a frotarse los ojos de manera extrañamente persistente. Sin duda, la elección de Barack Obama había roto una gran cantidad de moldes. Además de ser el primer Presidente de color, había confiado una parte enormemente significativa de su campaña electoral a la red con una eficiencia verdaderamente notable, y anunciaba que, tras haber usado la tecnología para acceder a la política, se disponía a seguir utilizando la tecnología para cambiar la política.

Obama había sido capaz de, utilizando una combinación de aprendizaje desarrollado durante campañas de candidatos demócratas anteriores como la de Howard Dean en el año 2004 y el estado de madurez de la web social, obtener enormes réditos de cara a su candidatura: una financiación récord aportada por pequeñas donaciones individuales de simpatizantes le liberaban de compromisos con los lobbies económicos habituales en todas las campañas anteriores, mientras que su participación en redes sociales y páginas web le proporcionaba un apoyo sin precedentes. Había conseguido apalancar la participación en la web para convertirla en la traslación moderna del significado de una militancia política que se hallaba en franco desuso hasta el momento, pero que de repente pasaba a ser una opción sencilla, atractiva y al alcance de cualquiera. Personas de todos los rangos de edad reenviaban a sus amigos vídeos de YouTube con intervenciones del candidato, utilizaban las fotos que publicaba en Flickr con licencia Creative Commons para ilustrar sus entradas en blogs, o defendían sus posturas en discusiones interminables en redes sociales como MySpace o Facebook, o en filtros sociales como Digg.

A mediados de 2008, Twitter se consideraba todavía un servicio para usuarios relativamente avanzados: los “famosos” no habían prácticamente hecho su aparición, y el usuario con más seguidores, 56.000, era Kevin Rose, fundador de Digg. En Agosto de 2008, Barack Obama superó a Kevin Rose con 58.000 seguidores, mientras su más directo oponente, John McCain, tenía pocos más de mil en una cuenta en la que resultaba incluso difícil averiguar si pertenecía al propio candidato. No se deje engañar por las magnitudes: Twitter, como hemos comentado, era en aquel momento un servicio relativamente poco conocido entre el gran público. En el momento de escribir este capítulo, la cuenta @barackobama tenía ya más de 2.650.000 seguidores.

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